viernes, 6 de enero de 2012

El vendedor de manzanas

Soy un aposentado vendedor de manzanas que nutro a la plebe con ese producto, que vendo al precio que quiero después de explotar a su productor.
Soy genial, soy una máquina, todos se doblan ante mí, productores y consumidores.
Soy gordo, seboso y poco ágil, mas bien amorfo, incluso atrofiado en algunos miembros de mi cuerpo, pero tengo dinero. Incluso, si lo pago bien, puedo conseguir “sensación de amor temporal”.
Aprieto, aprieto y no dejo de apretar, ¡ si quieren mis manzanas, me las tienen que pagar!. No soy nada en este mundo pero mi cuenta bancaria exige que me llamen señor allá donde voy.

¡Ups!, ... ¿ de qué me hablas, estúpido mamón sirviente?, ¿ cómo...? ¿ que la plebe no puede comprar mis manzanas ...? , ¡ cómo sea verdad te mato, mal nacido!, cómo te atreves a pintar semejantes nubarrones en mi excelso paraíso.

¡ Ups!, ... ¿ cómo ...? ¿ que dices, desgraciado ...? ¿ que las manzanas que no me compraron ayer se están pudriendo hoy?. ¡ Pero imbécil ¡, ¿ ya sabes de cuanto dinero hablas ...?

¡ Ups!, ¡ imbécil, llevo dos días sin cobrar por mis manzanas! ¿ que coño está pasando?.

Señor, gran señor, gordo y amorfo gran señor, la plebe no tiene dinero para comprar sus manzanas. Usted se ha quedado con el dinero de toda la plebe y ahora la plebe no puede comprar sus manzanas y pasa hambre. Si esto sigue así, ¡ el siguiente será usted!.

¡ Zas!, la cabeza del sirviente vuela por los aires separada de su cuerpo ( esto es el paro, el desempleo).

El vendedor de manzanas, gordo, seboso y poco ágil, desde su tribuna brama y exige a la plebe que le compren sus manzanas.

La plebe, depauperada, lo mira con ojos desangelados, semi hambrientos, incapaces del mínimo esfuerzo para ahorrar energías, muertos de hambre, haraposos, sin ilusión por la vida.

¡ Ups!, el vendedor de manzanas nota una extraña sensación de asfixia en el cuello. La saliva ya no fluye naturalmente como antes, hay que pensar en tragar saliva. Antes ni se acordaba de lo que era tragar saliva, era algo natural. Ahora, hay que pensar en tragar saliva, ¡ algo no va bien ...!.

En plena agonía, la plebe ve un hálito de esperanza en la inquietud y ansiedad del vendedor de manzanas.

No teniendo nada que perder, prueba lo último. Se levanta y se dirige hacia el almacén de manzanas ya podridas.

El vendedor de manzanas, ya aterrado, huye y abandona su almacén y su negocio.

La plebe se apodera del almacén. Reconstruye el negocio. Compra manzanas y paga por ellas el precio justo al productor. Carga un margen de beneficio que permita sostener a la organización que vende manzanas, pero sin robar a la plebe.

Se inicia la armonía y se prohíbe el egoísmo y el lucro personal.

Y así sucede que el productor de manzanas vuelve a sonreír.

Y así sucede que el vendedor de manzanas ( la autogestión y el empleo) acuden felices a trabajar para la plebe.

Y así sucede que la plebe, agradecida por el buen precio, la buena fe y esfuerzo del productor y la buena gestión del vendedor de manzanas, vuelve a comprar a un precio justo.

Y es así como vuelve la armonía a un mundo, posiblemente utópico, , pero no por ello imposible.

Y es así como el azul del cielo vuelve a ser azul.

Y es así como el sol vuelve a brillar.

Y es así como las olas vuelven a danzar.

Y es así como el verde de los prados y montañas vuelven a sosegar.

¡ Persistid, esa es la orden!.